sábado

Malasuerte en Tijuana (2009)

Vivía en la vulcanizadora El Loco Peraza. Tenía mi cama hecha de llantas viejas, un gallo de pelea desnutrido, unas cuantas cintas de música norteña, mi encendedor, una grabadora descompuesta, una baraja española completa, otra francesa incompleta, una camisa de seda, un gato hidráulico, y un juego de llaves y dados que me había regalado mi tío el Canelo. Él decía que no que porque no se acordaba.

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